
He visto, escuchado y leído a muchos amigos que expresan su poco o nulo espíritu navideño en estos días, no huele a navidad. Ayer a última hora es que he salido de compras para los regalitos familiares correspondientes (a pesar de que en octubre nos habíamos declarado “cero regalos pa nadie”), ni modo la vena consumista tomo las riendas, lo que más me asombro (cambio de tema, aunque prometo relacionarlo) es la cantidad de personas que habían en un centro comercial, no había asientos ni para comer, de donde salio tanta plata en un país que se hunde en la “miseria” (según los expertos fatalísticos de la economía), no me pregunten.
La cosa es que a pesar de que compre cosas para mi, me desanimo mucho más el saber que compraba por el simple hecho robotico de comprar, para llenar algo, y la lista de mi grinch interno aumento, mi mamá no viene a pasar navidades conmigo, mi abuelo esta en sus últimas y veo la lista de propósitos de este año y es para llorar de cincuenta solo ocho, si, OCHO. Pero bueh!!. Abramos la mente y pensemos en las cosas buenas…
