Para las parejas "jóvenes" promedio en este país es un sacrificio sobre humano y casi imposible adquirir una vivienda de forma decente; es decir, con el esfuerzo del trabajo diario. Escucho a primas, amigas y conocidas hablar sobre las ganas de casarse pero "sin casa propia" no hay firma del papel. Cada quien con sus ideas, pero siempre he pensado que si estas enamorada y no precisamente un narcotraficante , un árabe acaudalado o un Italiano millonario, te va a costar un poquito.
Así pues, mi historia: En la vida real, esa en la cual ambos mujer y hombre son par de pela bolas, que a duras penas terminaron la universidad para trabajar algo en lo que no se graduaron, han vivido 14 años juntos, parte viviendo con los suegros, parte viviendo solos pero en un apartamento prestado, y una lucha con especuladores de la constructora, empleados públicos de las compañías de servicio, bancos, prestamos... Seis años después que entregaras una inicial en la que en ese tiempo era la esperanza y todo los ahorros de una vida, escoger tu casa en un plano lleno de flechas y dibujos de una urbanización imaginaria parecía una locura. Pero acertamos, luchamos y ya casi cerramos un ciclo.
En esa larga espera, tuvimos un hermoso y anhelado hijo, ampliamos la casa y convertimos ( aunque suene trillado) un sueño en realidad, una hermosa cocina, un piso de primera, lamparas modernas y hasta compramos un juego de cuarto. Ya las cosas están recogidas y en los que nos coloquen la puerta principal nos mudamos.
Pero no todos tienen un final feliz. A esas parejas que anteponen una casa antes que el amor y son tan pela bolas como nosotros, les aconsejo que pongan los pies sobre la tierra, porque aunque no sea imposible, nada como vivir el caos, superar los obstáculos, crecer y madurar junto a tu pareja y finalmente admirar el resultado.
"Orden a partir del caos"
Frank Lloyd Wright
Frank Lloyd Wright

