Seis y media de la mañana el habitual racionamiento de luz hace de las suyas, el aire acondicionado se apaga sincronizándose con mis ojos lo cuales se abren de forma instantánea, miro al techo, de tanto que le hablo ya casi se convierte en mi propio Dios, es en ese instante donde se me ocurren las mil cosas que quiero escribir, decir o hacer, obviamente si logro alcanzar el sueño luego de dos horas es posible que recuerde la mitad al levantarme.
Una de las ideas que rondaba en mi esta mañanita era la controversia existente entre la fantasía y la realidad y hasta que punto nos perjudica en nuestra vida diaria, muchos acusan a los cuentos de Disney por tales consecuencias, otros asumen que las hormonas femeninas ya vienen con ese defecto, Luís Fernández en su libro “Sexo Sentido III” dice que las mujeres simplemente les gusta el drama; y si nos ponemos analizar considero que las tres teorías tienen algo de verdad.
Las historias de hadas vienen diseñadas para hacernos soñar de niñas con lugares fantásticos y hombres prefectos, cuando nos hacemos adultos nos caemos de bruces y descubrimos que muchos de esos lugares ni se acercan con lo que esta a nuestro alrededor y los príncipes son solo un elemento decorativo para proporcionarnos un final feliz en los cuentos.
Las hormonas femeninas, sí vienen con un defecto algunas lo exteriorizan más, donde soñar o esperar el final feliz hace que nos atormentemos la mitad de nuestras vidas. Y esto va asociado con la teoría de mi amigo Luis Fernández que sin duda es muy acertada cuando explica que las mujeres tenemos un karma con el drama.
En mi caso yo aplico las tres, aún creo en cuentos, mis hormonas están defectuosas y me he convencido de que en ocasiones me ahogo en un drama.. Pero soy humana así que lógicamente no existe la perfección..
“Quien no quiere un final feliz creo que deberá analizar sus sueños y dejar de servir a una vida simulada y llena de hipocresías.”


