En estas noches mi mamá me conto una triste historia: Amaneció en la esquina de la calle donde vive, un Sr. De avanzada edad, nadie sabía su nombre, nadie sabía quién era. Casi desnudo, muriendo de frío bajo la lluvia, capaz se había perdido, capaz sufría de Alzheimer. Llamaron a los Bomberos, le prestaron atención médica. Y punto. -¿Para donde lo vamos a llevar?, fue lo que respondieron a los vecinos preocupados; así que allí lo dejaron. Entre los muchachos que fuman hierba en la esquina, le acomodaron una colchoneta, le buscaron ropas y lo acobijaron debajo del árbol de la redoma, así como quien adopta a una mascota, (quién iba a pensar que tendrían tan buen corazón). A la mañana siguiente, murió.
Mientras mi madre me contaba esto, yo lloraba, mientras escribo no puedo evitar una lagrima: de tristeza sí, pero también de impotencia, me apena saber que hay personas que se abandonan a sí mismos, o abandonan a sus familiares, porque en mi país no hay políticas de atención para indigentes, no hay refugios, simplemente hay cosas más importantes. Supongo que como ese Sr. Sin identificación, muchos mueren cada día; sin embargo no pude dejar de sentir compasión, por aquel hombre… Tal vez ahora este en paz, en un mejor lugar, lejos del frioo y sin que le importe su identidad.“El problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices.”
Dalai Lama







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