Ayer estaba recordando una situación cuando tenía como 17 años (que no vale la pena mencionar pero que sin duda lo entenderán), en la cual una amiga de esas que no te enseñan nada bueno, pero que son incondicionales, me dijo: “Si quieres evitar la tentación, no te depiles”. Por supuesto, poco después comprendí a que hacía referencia, debo admitir que esas palabras me sacaron de algunos apuros en los que el cuerpo quería apoderarse de la mente… Pues sucede que en el mundo frívolo de una fémina, no hay nada más importante que estar limpiecita, depilada y perfumada antes del sexo. Pocas son las mujeres que he conocido que no estén preparadas premeditadamente: somos calculadoras, rebosantes de ego y por sobre todo coquetas. No hay manera de que nos tomen desprevenidas, porque si la escena pudiera parecer inesperada, ya nosotras la habremos pensado y si no es así, comprueba “allí”, todo se centra en la vagina, es el centro del poder (?)… y quiero aclarar que esto aplica a la vida de soltera, arrejuntada o casada. Mientras exista el sexo, hay una depilación por delante. Bueno es que, ¿a quién le gusta tener un pelo en la boca?, decía mi prima Carlota…
Es entonces la depilación: ¿un sinónimo de higiene sexual o símbolo de vanidad porno?







0 Que malgastaron su tiempo:
Publicar un comentario en la entrada